
Un día, mientras Emilio chupaba unos frijoles crudos,
su mamá le dijo: —Deja de chupar esos frijoles.
—¿Por qué? —preguntó Emilio.
—Porque cuando yo era niña mí abuelita me dijo:
“Si te tragas los frijole crudos, te crece una planta
en el estómago”.

Emilio no le dio importancia a las palabras de su madre
y siguió jugando. Pensaba que esas eran puras fantasías,
cuando, sin querer, se tragó un frijol. Al poco rato
Emilio se fue recordando lo que su mamá le había dicho.

de una de sus orejas. ¡Era la punta de una planta!

Emilio se levantó y se miró en el espejo. ¡De la otra oreja
también salía una hoja! ¡Y de la nariz! ¡Y de la boca!
Al poco rato sintió que se estaba volviendo planta.

Emilio, asustado, saltó por la ventana y se fue
a esconder al bosque.

Una hora más tarde, Emilio tenía tantas ramas que
unos pajaritos vinieron a pararse y empezaron a
hacer su nido. Emilio sentía muchas cosquillas,
pero no pudo mover las ramas para espantarlos.

Entonces quiso gritar, pero de su boca no salió ningún
sonido. Trató de correr, pero sus pies estaban enterrados
en el suelo, convertidos en raíces.

Emilio pensó que ya no iba a ser un niño, sino un árbol,
y pensó que ya no podría jugar ni tener amigos ni ir
a la escuela. ¿Quién imagina un árbol adentro de un salón?

Emilio comenzó a llorar, pero entonces... ¡Despertó!
Corrió con su mamá y le contó su horrible pesadilla.
—Lo bueno es que todo fue sólo un sueño —
dijo su mamá.

Fuente:
Libro de lecturas de primer grado ( el de la portada del perrito )