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jueves, 6 de febrero de 2014

El gato con botas

 El gato con botas


Al morir, el padre de Juan le heredó un gato y unas botas.
"¿Para qué quiero un gato?", pensaba Juan.
En ese momento el gato se puso las botas y le dijo:
-Si haces lo que yo te diga, serás feliz.

El gato se fue al bosque y atrapó un conejo. Se lo llevó al rey
y le dijo: -Te traigo este obsequio de parte de mi amo, 
el marqués de Carabas. El rey nunca había escuchado
aquel nombre, porque el gato lo acababa de inventar.

Al día siguiente el gato fue con el rey y le obsequió 
dos perdices a nombre del marqués de Carabas.
Y así, todos los días, el gato iba al palacio y le
daba un regalo al rey, de parte del marqués de
Carabas. Un día, el rey salió a dar un paseo
con su hermosa hija. El gato corrió hasta llegar
con Juan y le ordenó que se metiera a nadar en el río.

Juan se quitó la ropa y se metió al agua. Entonces
el gato escondió las ropas y cuando el carruaje
pasaba por ahí, gritó: ¡Auxilio, le han robado sus
ropas a mi amo!

El rey escuchó el llamado y ordenó que le dieran a Juan 
uno de sus propios trajes. Cuando Juan apareció ante el rey
con el traje puesto, se veía tan elegante que parecía 
un verdadero marqués. El rey le dio las gracias por todos
los regalos que había recibido. Juan no entendía nada.

El rey invitó a Juan a subir a su carruaje. Al verlo, la princesa 
quedó tan impresionada que se enamoró de él. Juan se casó 
con la princesa y de este modo el gato con botas cumplió
su promesa de hacerlo feliz.

lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Quien le pone el cascabel al gato?

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

Habitaban unos ratoncitos en la cocina de una casa
cuya dueña tenía un hermoso gato, tan buen cazador,
que siempre estaba al acecho. Así, pues, los pobres
ratones no podían asomarse a sus agujeros,
ni siquiera en el silencio y oscuridad de la noche,
temerosos de los zarpazos de su terrible enemigo.
No pudiendo vivir de ese modo por más tiempo,
pues no tenían nada con qué alimentarse,
se reunieron un día para pensar un medio de salir
de tan espantosa situación.
—Yo les diré lo que hay que hacer —dijo
un joven ratoncito— Atemos un cascabel al cuello
del gato, y por su tintineo sabremos siempre
el lugar en que se halla. Tan ingeniosa proposición
hizo revolcarse de gusto a todos los ratones, que
se rieron a carcajadas. Pero un ratón viejo observó
con malicia: —Muy bien, pero ¿quién de ustedes
le pone el cascabel al gato?—
Y ninguno contestó.


Esopo

Moraleja
Es más fácil decir las cosas que hacerlas. 

viernes, 12 de abril de 2013

¡A que te pego!

¡A que te pego!


El gato viene de allá.
el gato viene de acá.
El gato dijo:
-¿Vamos a pegarle al ratón?
El gallo dijo:
-¡Vamos!


El gallo dijo: -¡Tú te vas por allá  y yo
me voy por acá!
Y el gato dijo: -¡No!¡Yo me voy por
acá y tú por allá!


El gallo dijo:
-¡No seas necio!
Y el gato dijo: -¡El necio eres tú!

El gallo le pegó al gato.
El gato le pegó al gallo.
Y allá, a lo lejos, el ratón reía, reía.

De el libro de lecturas de primer grado (el da la portada del perrito)